¿Por qué las regiones polares son frías?

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¿Por qué las regiones polares son frías?

Las regiones polares son consistentemente más frías que el resto del mundo. Esto se debe básicamente a que la radiación solar entrante que calienta la Tierra los golpea oblicuamente en vez de verticalmente. En consecuencia, reciben sólo un 40% más de radiación incidente que las regiones ecuatoriales.

Las regiones polares también difieren del resto del mundo en la duración de sus días estacionales. En los trópicos, la duración del día varía poco entre los veranos y los inviernos. En las regiones polares, los veranos están marcados por días largos y noches cortas, y los inviernos por el contrario. En los polos geográficos, la duración del día y las estaciones se funden: el sol permanece sobre el horizonte durante seis meses en verano y desaparece durante seis meses en invierno.

Al igual que el resto de la Tierra, las regiones polares irradian energía al espacio a lo largo del año. Irradiarían mucho más si no fuera por el efecto invernadero de la atmósfera, que mantiene parte de la radiación de onda larga que regresa. En su conjunto, el Ártico recibe más energía solar de la que pierde, mientras que la Antártida, más reflectante, pierde más de lo que gana.

Las temperaturas medias del aire que caracterizan a estas regiones son mantenidas por flujos de calor hacia los polos, soportados por las corrientes atmosféricas y oceánicas. Por lo tanto, la temperatura en cualquier momento y en cualquier parte del Ártico o la Antártida representa un punto de equilibrio entre las ganancias y pérdidas de radiación y el calor entrante de las zonas circundantes, que permanecen relativamente estables de un año a otro.

Sin embargo, estos equilibrios están sujetos a variaciones a largo plazo a lo largo de escalas de tiempo medibles en milenios, y a variaciones a corto plazo medibles en siglos o incluso décadas, ambas debidas principalmente a las fluctuaciones en la cantidad de radiación recibida del sol.

Los cambios que ocurren cerca de los límites de las regiones polares, que implican un cambio entre condiciones de congelación y no congelación, tienden a ser autosostenibles. La disminución de la radiación, por ejemplo, enfría la tierra y el aire, lo que permite que se asiente y persista más nieve y hielo: la blancura resultante aumenta el albedo o la reflectividad de la superficie, reflejando más radiación solar de vuelta al espacio y causando un mayor enfriamiento.

Así, los climas polares tienden a ser menos estables y están sujetos a cambios más frecuentes y drásticos que los de las regiones templadas y tropicales.

 

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